12 diciembre 2006
CUENTO: Las fotografías
Habíamos hablado más de cien veces por teléfono pero no nos conocíamos. La razón, era porque vivíamos en ciudades diferentes. De hecho, hoy, seguimos viviendo en ciudades diferentes pero ya nos conocemos. Así, cada fin de semana nos encontramos en alguna ciudad intermedia, hacemos el amor, conversamos y disfrutamos de buenas comidas. Cuando llega la hora de volver, nos despedimos con los ojos tristes y cansados. Los buses, desesperados por partir, nos arrancan besos de último momento que se prolongan hasta el siguiente fin de semana.
Pero la historia comienza meses atrás cuando sólo hablábamos por teléfono y no nos conocíamos. ¿Quién hubiera imaginado que al conocernos todo cambiaría en nuestras vidas? Que al estar al hilo telefónico sin saber cómo era cada uno, desperdiciamos mucho tiempo. Y pensar que todo empezó por una revista de música llamada Celia baila jazz.
Mi nombre es L, trabajo en una empresa editorial. Mi labor consiste en hacer la supervisión de la edición fotográfica. F, con quien conversaba por teléfono, es una mujer hermosa, fotógrafa y amante del jazz. Gracias a unos amigos pude saber de ella. Fue así como después de algunas comunicaciones telefónicas acordamos que me enviaría, para la revista, un juego de fotografías inéditas de un famoso músico de jazz que había llegado anónimamente a su ciudad.
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Acordamos que sería un juego de 35 fotografías repartidas en tres envíos. Tuvo que pasar un mes para recibir el primer envío. Durante ese tiempo, hablamos por teléfono muchas veces para aclarar dudas en torno a las fotografías. Si eran en primer plano, medio cuerpo, foto detalle, etcétera. Debo reconocer que su voz delataba otro tipo de persona, y no la que yo creía. O sea, uno puede hacerse muchas ideas de cómo es una persona con tan sólo escuchar su voz. Pero estoy seguro que son pocos los que aciertan o los que logran construir una imagen aproximada de la persona en cuestión. En fin. Quedamos que F enviaría las fotografías digitalizadas, pero al momento de la versión de pre-prensa de Celia baila jazz hubo problemas. La calidad de las fotografías disminuyó en gran medida. Así que para el segundo envío acordamos que F mandaría las fotografías en su primer revelado y con sus respectivos negativos. En la editorial se haría una reimpresión, ajustando los colores a las necesidades de la revista. Sólo había que escoger 12 de las 35.
Hasta que recibí el último envío. Fueron las mejores fotografías porque captaban momentos precisos en que el famoso músico de jazz tocaba de incógnito en un bar desconocido. Pero en este tercer sobre no sólo llegaron las fotografías del músico, sino, dos más que F había incluido por error.
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Las dos fotografías que F incluyó por equivocación medían 20 por 15 centímetros. Una era más nueva que la otra, y la vieja, era vieja, porque se notaba que había sido manipulada más que la otra. Sin embargo, la calidad de imagen de las dos, era buena. ¿Cuántos ojos las habrían visto? me pregunté.
La fotografía más nueva mostraba el rostro de una mujer en primer plano. No miraba a la cámara sino a la izquierda. En el ambiente corría viento, porque sus cabellos, largos, castaños y ondeados, volaban en el aire en la misma dirección de su mirada. Algunos se posaban sobre su rostro sin impedir ver sus ojos, grandes y redondos. Los labios y los pómulos hacían un juego compartido, brindando una sonrisa, fresca y coqueta. En la parte posterior de la fotografía decía:
¡Preciosa, corre, Preciosa, que te coge el viento verde! (F. García Lorca. Pag. 14, Barcelona, otoño del 2002).
La otra fotografía, la más vieja, mostraba a la misma mujer de cuerpo entero, desnuda y sentada en un sillón blanco. Sobre su hombro derecho había un búho. Sus pequeños senos, tímidos, se perdían en la blancura de su piel. El monte de Venus sobresalía, oscuro y poblado, a partir de su sexo. Sus piernas, largas y formadas se veían atractivas. Y sobre sus pies, que se apoyaban en una alfombra roja, había un saxofón. Atrás de la fotografía decía:
–Pero no sé qué ganará con verme. Hago mal a todos los que se me acercan. (E. Sábato. Pag. 41. Lago Grande, sin fecha)
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Después de ver las dos fotografías quedé con la duda de decírselo a F. Podía coger el teléfono y llamarla y preguntarle. Quizás ella misma no sabía que las había enviado. Quizás las estaría buscando. Quizás eran parte de un trabajo o archivo importante. También pensé que yo solo me complicaba. Si realmente eran importantes sería ella quien preguntaría. Por último, yo no haría nada con las fotografías. Las guardaría en un lugar seguro y terminaría olvidándome de ellas. Aunque debo admitir que la fotografía más vieja me dejó intrigado. ¿Era acaso una foto artística? ¿Por qué había esas combinaciones tan extrañas? Un sillón blanco, un búho, un saxofón y en medio de todo, una mujer desnuda. Y además, la extraña inscripción que había atrás. Lo único que podía reconocer era la palabra Sábato. Sabía que era un escritor argentino.
Con el último envío de F se completó la serie de 12 fotografías del famoso músico de jazz. A la semana Celia baila jazz salió publicada. Para la presentación invitamos a F. Yo mismo fui a recogerla al aeropuerto. Ahí nos vimos por primera vez. Resultó gracioso conocernos y más aún, hablar sin un aparato telefónico de por medio, como lo habíamos hecho tantas veces. Pero para mí la sorpresa fue más grande. F era la misma mujer de las dos fotografías. No lo podía creer. Significaba que sin saberlo ya la había conocido, e incluso la había visto desnuda. Por supuesto, no le dije nada.
***
Durante la presentación de la revista estuvimos juntos. Ahí fue que surgió cierta simpatía y atracción entre los dos. Para la noche fuimos al teatro Municipal a ver un concierto de jazz (tocó Les Amants de Juliette y Dixielanders Jazz Band) que se hizo a propósito de la presentación de la revista. Al día siguiente F debía partir. Quedamos en vernos pronto. F dijo que todavía tendría que pasar un tiempo. En tres días salía del país por cuestiones de trabajo y no tenía fecha de retorno. Pero apenas estuviese de vuelta me llamaría.
Con la publicación de Celia baila jazz todo el mundo se enteró que el famoso músico de jazz caminaba por ahí de incógnito. La prensa empezó a buscarlo y sus admiradores a averiguar su paradero. No pensé que las fotografías publicadas en la revista causarían tanta conmoción. Sucedía que nadie podía creer que en cualquier lugar podían cruzarse con él. Sin embargo, las fotografías publicadas daban fe de ello. En unas se le veía en un restaurante; en otras, en un supermercado; en otras, en un bar; en otras, en un billar, etcétera.
Así pasaron unos días. F salió del país y yo empecé a trabajar en el siguiente número de Celia baila jazz. Hasta que un día, una trágica noticia fue difundida por los medios de comunicación. El detective Granados, desde la Jefatura de la Policía, informó que el famoso músico de jazz había sido encontrado muerto.
–Ha sido un asesinato en primer grado –dijo–. Al parecer cometido hace dos semanas. El cuerpo yacía sobre un sillón blanco, a su costado había un búho y más allá, en una alfombra roja, un saxofón. Pistas un tanto extrañas, pero estamos investigando, aunque hasta el momento no tengamos a ningún sospechoso.
Quedé con la boca abierta.
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Al saber del asesinato del famoso músico, los días siguientes me entró una terrible y angustiosa sospecha. La fotografía que F había enviado por error, donde ella salía desnuda, mostraba las mismas pistas encontradas en el lugar del asesinato. ¿Por qué esa similitud? El sillón blanco, el búho, el saxofón, la alfombra roja. ¿Acaso ella era la asesina? ¿Y por qué había salido del país? Era extraño. Sin embargo, como no tenía la suficiente certeza preferí ocultar la fotografía. Tenía miedo de que alguien más que yo pudiese verla.
A la semana recibí una llamada. Era F. Ya había vuelto. Le dije que al día siguiente viajaría a su ciudad. Aceptó. Dijo que le lleve un libro de regalo, la novela El Túnel de E. Sábato. Está bien, respondí. Cuando estuvimos juntos no hubo mucho preámbulo para decidirnos a empezar una relación. La atracción se convirtió en pasión. Por supuesto, no pude evitar contarle del asesinato del famoso músico de jazz.
–Que lamentable –dijo–. Quizás las fotografías publicadas en Celia baila jazz fueron las últimas que se le tomaron.
Y no hablamos más del tema. Nunca le dije nada de las fotografías que envió por error. Ella tampoco nunca lo mencionó. Desde entonces, cada fin de semana, F y yo nos encontramos en alguna ciudad intermedia entre las nuestras, hacemos el amor, conversamos y disfrutamos de buenas comidas. Al día siguiente, cada uno parte a su ciudad. Es en el viaje de regreso que recién tomo conciencia de mis actos y lo único que sé, es que cada fin de semana me entra la terrible duda de saber si estoy o no durmiendo al lado de una asesina.
Christian Reynoso, 2005
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21 septiembre 2006
Entrevista a Daniel F
Daniel F: Lo que hemos hecho hasta ahora ha sido a punta de patadas
Hace más de un año entrevisté a Daniel F en Arequipa, horas antes de que diera un concierto como solista. Luego, el cassette de la grabación se perdió, volvió a aparecer y por alguna razón desconocida nunca me decidí a redactar la entrevista. Ahora, que Daniel F y Leuzemia tocarán por primera vez en Puno (4 de octubre 2006), me animé a rebuscar la grabación y escuchar aquello que conversamos. Aquí algo de lo hablado.
-¿Cuántos años tienes?
-Ya voy en los 44.
-¿Y en la música?
-Más o menos 22 años
-Casi la mitad de tu vida. Y ¿cómo te sientes con todo esto? La constancia musical, la propuesta. ¿Qué dices?
-Yo estoy muy contento conmigo, no sé si feliz, pero contento, o sea dentro de lo que es mi chamba, de lo que es Daniel F, porque yo separo lo que es Daniel F de Daniel a secas. Las chibolas se enamoran de Daniel F, los medios de comunicación lo vuelven un personaje romántico y cuando lo conocen, uno se da cuenta que es igualito pues; que le salen los mocos. Lo que hemos hecho hasta ahora, ha sido a punta de patadas y sin torcer un ápice en las coordenadas.
-Por eso va la pregunta, es que en el Perú es difícil vivir de la música.
-Sí, es jodido, pero no sólo en el Perú, sino en cualquier país, pero más jodido todavía en un medio donde tienes todo en contra. Los artistas tratan de salir adelante de la mejor y más honesta manera pero quien te pone la traba no es la gente, ni el local, ni el clima, que se yo. La jodedera viene de INDECOPI, de la municipalidad, de APDAI, que te quiere cerrar el evento.
-Quizás por la piratería, si te refieres a INDECOPI.
-Yo jamás he renegado de lo que llaman piratería fonográfica, porque esa es la respuesta a todo eso, a toda esa opresión que tenemos nosotros los que no podemos adquirir tan alegremente un disco de 20 dólares o un software de 200 dólares. Yo veo un poco por ese lado y soy partidario de que los discos deben tener, hablando de negocios, no un precio bajo ni un precio alto, sino un precio justo.
-Pero volviendo al tema, qué percibes en estos 22 años de música, que ha pasado en el ambiente musical de Lima, desde que iniciaron.
-Sí, es toda una vida. Cuando empezamos a tocar había gente que ni nacía y ahora va a los conciertos, o van con sus padres que sí iban a los conciertos, o van con sus tíos o sus hermanos mayores y eso es lo que más rescato de Leuzemia, que puede ser capaz de reunir a varias generaciones.
-Eso, y quizás es que Leuzemia o Daniel F en buenas cuentas se ha convertido en un icono para la juventud, porque pasa que mucha gente no sólo escucha o canta tus canciones sino que también se identifica con el mensaje, “al colegio no voy más…”, que se yo. ¿Asumes esa idea?
-No sé si la asuma, en todo caso, no lo he dimensionado. Hasta hace un buen tiempo yo no tenía el menor conocimiento de lo que se decía, de la leyenda, del mito que finalmente me parecen una tontería.
-Ya, pero lo que yo te digo no es nada de leyenda, ni mito, es una cuestión cierta, que existe…
-Sí claro, por eso te digo, recién como que me di cuenta en los últimos tres años, que ha sido la etapa más fuerte de todo, donde ha habido un montón de gente que va a los conciertos, donde la venta de los discos se ha cuadriplicado y lo que siento es que ha crecido una conexión emocional entre nosotros y la gente y por un lado siento un orgullo, pero también hay una responsabilidad con todo lo que yo diga y haga. Antes yo decía muy alegremente muchas cosas, en el escenario, en los reportajes, era muy cachoso y me burlaba de mucha gente, pensaba que solamente era mi lengua pero después entendí que había mucha gente que lo tomaba en serio y me amarré la lengua. Por eso, en los últimos años ya no hay muchos reportajes donde tenga esa verborrea de estar insultando a todo el mundo, de llamar concha tu madre a cualquiera.
-¿Irreverencia, tal vez?
-No, no tanto, como que era una manera de dar a conocer tu opinión ácida sobre ciertos personajes o cosas que veías.
* * *
-Bueno, pasando a otro tema, que tal el aspecto creativo ¿Es una cuestión permanente, constante?
-Sí, menos mal. La cuestión de la composición en muchos lugares resulta una cosa muy extraña, inclusive a través de la historia de los primeros años del rock and roll, los setentas, ochentas, en la música pop, el intérprete está acá, pero hay un grupito que son los compositores y arreglistas. Entonces, cuando fuimos a Brasil a un festival, yo comencé a cantar mis canciones con todas mis cosas y después de la presentación me puse a conversar con los músicos, con paraguayos, brasileños y me decían, oe, ¿esas canciones son tuyas? Y yo decía, sí, pues, son mis canciones y se sorprendían y decían, o sea este huevón es compositor, la cagada, porque la mayoría de los grupos que estaban ahí interpretaban cosas del folklore de su país.
-Y en tu caso, ¿cómo es el proceso de componer una canción?
-No, nada especial. Yo duermo tres o cuatro horas al día, nada más y luego me levanto y una de las primeras cosas que hago es ir al teclado, al piano y comienzo a componer, así más o menos es la cosa.
-¿Más al teclado que a la guitarra?
-Sí, es que yo no soy guitarrista, odio la guitarra, jamás he sido partidario de ella.
-¿El piano, sí?
-No, sino que el teclado es más fácil que la guitarra y cuando quiero hacer canciones de cantautor es la guitarra, no hay otra, y cuando quieres hacer las cosas con sinfónicas, las armonías, los arreglos, tienes que usar el teclado, un teclado que tenga opción de poder registrar varios sonidos paralelos, hacer bases con cuerdas, creando armonías, etcétera.
-¿Y las letras? No sé por qué pero siempre he pensado que Leuzemia ha recibido influencia de la vida limeña, de vivir en una ciudad grande o del centro de Lima, los barcitos, las prostitutas, la pobreza. ¿Qué dices?
-No creo. La verdad a mí no me afecta el entorno. Yo no tomo fotografías de los exteriores, estoy más metido en mis interiores, intimista pues. Cantar sobre las calles o los personajes, no sé, no me atrae mucho, más me meto en lo que son los miedos, los temores de la gente, los complejos, todo lo que es interno.
-Como que exploras tu mundo interior. ¿Algo así?
-Sí, eso vengo haciendo desde hace algún buen tiempo, y ojo que no se confunda con la canción clásica de amor que se ha prostituido tremendamente. Creo que cuando son sentimientos y sensaciones reales no tienes por qué ocultarlos. Yo puedo vivir en Chosica, o aquí, o en Nueva York, e igual voy a cantar sobre lo mismo porque no me afecta mucho. Soy un tipo urbano, que le gusta el cemento, el vidrio, el ruido del carro. No me gusta mucho el campo, los arbolitos, no me atraen esas cosas.
-Bueno, en los últimos años has grabado algunos discos en solitario. ¿Qué pasó?, hubo digamos un rompimiento en la propuesta de Leuzemia con tu gusto o inspiración, para pasar a explorar un camino en solitario.
-No. Lo solitario siempre ha sido antes que Leuzemia. A mí me gustaba el rock desde pequeñito, hasta que escuché Pink Floid, y dije ya pues, ésta es la huevada que quiero hacer y comencé a descubrir todo lo que era la música progresiva, pero también escuchaba solistas y rock argentino que estaba naciendo mas o menos en los setentas. Entonces lo que primero compuse fueron canciones acústicas.
-También tocaron con la Orquesta Sinfónica Nacional.
-Claro, era mi sueño desde que escuché el primer disco de Pink Floid que era un disco orquestal y desde ahí quise tocar con una orquesta, pero para eso ha tenido que pasar tiempo, porque hace 20 años las condiciones no eran las mismas. Yo no hubiera podido pedir tan alegremente, oye dame una orquesta sinfónica para dar un concierto.
-Por ejemplo, en “Hospicios”, su último álbum, me da la impresión de que podría ser como el Pink Floid peruano, ¿hay esa tendencia?
-No creo que sea tan Pink Floid, pero de todos modos sí hay uno o dos pasajes seguramente que sí son bien floidianos.
-¿Y el discurso que se da a lo largo del disco, como que fuera algo conceptual?
-Claro, porque es un discurso apegado a los discos conceptuales en general que puede ser una ópera rock, o una obra de teatro, que es lo que siempre me ha gustado. Por eso, hasta el disco “A la mierda lo demás” tiene un comienzo, un desarrollo, un intermedio, un pasaje final y el cierre. Trató de que los discos puedan ser escuchados tranquilamente, que no estén así como sea y con “Hospicios” ya se dio ya el trabajo completo en ese sentido.
-Se puede decir que Hospicios es la culminación de una etapa de Leuzemia o el comienzo de algo diferente, lo digo por las diferencias musicales, entre lo que hacían al comienzo y hoy.
-No se si será la culminación o el inicio de otra o simplemente es un disco más, solo sabemos que se ha vendido un montón, que salió bonito y que yo estoy contento con todo, desde el punto de vista musical, armónico y lírico.
* * *
-Haciendo un poco de historia rockera en el Perú de hecho que has escuchado a Tarkus. ¿Qué te parece?
-Claro, pues, de hecho que sí, yo los escuché en los setentas en su época y era el ejemplo más preclaro de lo que era el rock en castellano porque ahí todavía existía esa cuestión de que si era rock, había que cantar en inglés.
-Ellos son los primeros en el Perú que hacen rock en castellano.
-No sé si los primeros, en realidad, pero había un montón de grupos que cantaban en castellano, a pesar que llegó un momento en que se negaba el castellano como idioma para la interpretación, que era imposible hacer rock en castellano, incluso, el mismo Gerardo Manuel en uno de sus programas de radio lo dijo abiertamente. Entonces no teníamos muchos referentes de rock en castellano, y si los habían no eran del rock que uno quería, a lo Black Sabbath, sino como que eran más sicodélicos. Tarkus tenía muchos matices en su música, tenían un abanico de propuestas no como ahora que muchos grupos modernos tienen todas sus canciones igualitas y se hace aburrido.
-En algunas de tus canciones como solista hacer referencia al chileno Fernando Ubiergo. ¿Qué te procura esto de la nueva trova?
-Sí, Ubiergo es el referente más contundente para lo que yo hago. Cuando componía canciones sentía como que todavía no había una dirección, ojo que te hablo de fines de los setentas, y en la radio sonaba un tema de Fernando Ubiergo que era una canción horrible, no me gustaba, pero después un pata me paso un disco de él y ahí escuche una canción llamada “Yo pienso en ti” y con eso fue suficiente. Me empezó a gustar por la sencillez del lenguaje, no era un Silvio Rodríguez o Milanés, que son entreverados, muy líricos, poetas. Ubiergo era más sencillo, con palabras más de la avenida, más de la calle y así se me metió querer imitarlo, sacar el gorgojeo de la voz, de que sea más agudita pero como tengo voz de pastrulo y fea y toda aguachentosa, nunca me salió pues, pero esa fue la intención.
-¿Me dicen que estas escribiendo un libro sobre la movida subterránea de Lima?
-Sí. Es un libro que se llama “Los sumergidos pasos del amor”, que lo terminé en el año 2000, pero que lo estuve escribiendo desde 1990, con toda la cuestión del underground.
-Como un testimonio.
-Sí, exacto. Cuento cosas acerca de cómo paso la movida. Lo que pasa es que ya en esos años, te hablo en los noventas, había un montón de gente de universidades que quería hacer estudios sobre lo subterráneo.
-De hecho hicieron algunas tesis.
-Sí, hay tesis y todas esas cosas, pero ¿a quienes entrevistaban? Tenían que ser a los más conspicuos y uno de ellos era yo, entonces me preguntaban siempre la misma huevada, que como comenzó, que por qué la ropa negra, etcétera. Entonces dije mejor hago un libro donde cuento todo para que ya no me pregunten y ahí explico simbología, lenguaje, música, los sitios donde tocamos, todo, todo.
-¿Y nunca salió?
-La cuestión es que cuando lo terminé me lo compró una editorial de Cajamarca que se llama Rumitiana Producciones, pero nunca lo editaron. Cinco años después vinieron a mi casa y me dijeron, oye todavía queremos sacar el libro, pues, no se si quieres darle una corregida antes de sacarlo. Pucha, ya han pasado cinco años, muchas cosas han cambiado o hay nueva información y a ver qué pasa pues, hay muchas vivencias y acontecimientos y hay que tratar de darle un nuevo vuelo.
FIN.
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29 mayo 2006
27 de junio, 29 de mayo... historias que no se deben repetir
Desde hace tiempo tengo la idea de escribir un libro acerca de los hechos del 29 de mayo del 2003. Sin embargo, a pesar del acopio de información que he hecho a través del tiempo sobre el tema, aún no me decido a empezar tal proyecto. Ni siquiera sé, si será un libro periodístico o una ficción, a través de una novela. Sea como sea, los hechos y su complejidad así lo ameritan. Y como pasa en estos casos, el tiempo siempre será necesario para madurar las ideas, y en esa lógica, llegar a reconstruir y entender a cabalidad aquellos hechos que estremecieron la vida rutinaria de la ciudad de Puno, hace tres años.

* * *
La mañana del 29 de mayo del año 2003, tras haberse declarado, dos días antes, el Estado de Emergencia en el país, Puno fue el escenario de un enfrentamiento entre las fuerzas armadas que asumieron el control político-militar de la ciudad y un numeroso grupo de estudiantes de la Universidad Nacional del Altiplano que pretendían realizar una movilización estudiantil. El resultado: un estudiante muerto (Edy Quilca de 22 años, estudiante de Educación) y 69 heridos (45 civiles y 24 efectivos militares-policiales). Luego, vinieron las denuncias, las imputaciones, las responsabilidades políticas y una parafernalia legal que hasta el día de hoy no termina de resolverse y señalar a los responsables.
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Estos hechos evocan a aquellos sucedidos hace 31 años, cuando las calles de Puno también se tiñeron de sangre, el 27 de junio de 1972. La razón: un enfrentamiento entre estudiantes de la entonces llamada Universidad Nacional Técnica del Altiplano y las fuerzas armadas, ante un mitin de la esposa del General Juan Velasco, presidente del Perú. El resultado: tres personas muertas. Los universitarios Róger Aguilar, Augusto Lipa y la vendedora del mercado Central, Candelaria Herrera. Así, entre uno y otro hecho, al margen de las circunstancias y las consideraciones políticas de cada momento, fueron los universitarios quienes corrieron la peor suerte.
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Ahora que se cumplen tres años de lo ocurrido el 29 de mayo del 2003, no basta con recordar, volver a relatar los hechos y realizar acciones protocolares. Se trata, más allá de eso, de fomentar espacios de diálogo y voluntad política para incidir por ejemplo, en el tema de la reparación, de la celeridad de los procesos penales, del cumplimiento de la justicia. Por ello, resulta imperativo que se realice el juicio oral que se ha venido postergando por una serie de acciones dilatorias, a los casi 90 efectivos militares-policiales defendidos por el Estado. Y por otro lado, que se aclare también, las denuncias formuladas por el Ejército Peruano contra los estudiantes universitarios, testigos y periodistas. Como vemos, paradojas y argucias legales que sólo aplazan el esclarecimiento de los hechos.
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Es necesario asumir también una mirada crítica que, sin justificar la violencia y el exceso cometido por las fuerzas armadas, nos permita admitir que también hubo una irresponsabilidad de los dirigentes estudiantiles, llevada acaso por la aventura y la adrenalina del momento, que terminó en un atadijo donde ya no hubo marcha que dar atrás y desembocó en los fatales hechos ya conocidos. En ese sentido, quizás más que hablar de mártires debamos hablar de caídos por la represión. Y esto, debe marcar una pauta que sirva de lección a los próximos tiempos que el Perú y en particular Puno vivirá, sean cualesquiera los regímenes políticos de turno. Por eso, una correcta interpretación de lo sucedido ayudará a tener los criterios suficientes para que estos hechos no se repitan.
* * *
27 de junio 1972; 29 de mayo 2003, forman parte de la historia del Perú y de Puno, y demuestran que la historia no siempre se escribe con palabras, sino con sangre. Y como esto, a veces es difícil de entender, sobre todo cuando se aspira a una vida digna, quizás la literatura, con el devenir de los años, pueda explicarlo de mejor manera, como escribiría el poeta Luis Nieto: “Los estudiantes y el pueblo,/ indómitos y gallardos,/ caminan entre un incendio/ de fusiles y disparos…”. “Y ved a los estudiantes/ con sus ojos enlutados,/ allí donde antes vivía/ una población de pájaros”, al referirse, en sus poemas, al levantamiento del pueblo arequipeño contra la dictadura de Manuel A. Odría en junio de 1950, donde también participaron y murieron estudiantes universitarios.
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Textos consultados:
- Archivo diario “Los Andes”: 26, 28, 29 de junio de 1972.
- Boletín informativo “29 de mayo” (2004)
- Informe Defensorial N° 76. “Restricción de Derechos en Democracia, supervisando el Estado de Emergencia”. (2003)
- “Látigo del Altiplano, biografía de Samuel Frisancho”, de Christian Reynoso (2002)
- “Realidad Nacional”, de Eva Riquez Villarroel (1999)
- “Romancero del pueblo en armas”, de Luis Nieto (1957)
- “Sangre Derramada”, de Juan Reynoso Días (2002)
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