29 mayo 2006
27 de junio, 29 de mayo... historias que no se deben repetir
Desde hace tiempo tengo la idea de escribir un libro acerca de los hechos del 29 de mayo del 2003. Sin embargo, a pesar del acopio de información que he hecho a través del tiempo sobre el tema, aún no me decido a empezar tal proyecto. Ni siquiera sé, si será un libro periodístico o una ficción, a través de una novela. Sea como sea, los hechos y su complejidad así lo ameritan. Y como pasa en estos casos, el tiempo siempre será necesario para madurar las ideas, y en esa lógica, llegar a reconstruir y entender a cabalidad aquellos hechos que estremecieron la vida rutinaria de la ciudad de Puno, hace tres años.

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La mañana del 29 de mayo del año 2003, tras haberse declarado, dos días antes, el Estado de Emergencia en el país, Puno fue el escenario de un enfrentamiento entre las fuerzas armadas que asumieron el control político-militar de la ciudad y un numeroso grupo de estudiantes de la Universidad Nacional del Altiplano que pretendían realizar una movilización estudiantil. El resultado: un estudiante muerto (Edy Quilca de 22 años, estudiante de Educación) y 69 heridos (45 civiles y 24 efectivos militares-policiales). Luego, vinieron las denuncias, las imputaciones, las responsabilidades políticas y una parafernalia legal que hasta el día de hoy no termina de resolverse y señalar a los responsables.
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Estos hechos evocan a aquellos sucedidos hace 31 años, cuando las calles de Puno también se tiñeron de sangre, el 27 de junio de 1972. La razón: un enfrentamiento entre estudiantes de la entonces llamada Universidad Nacional Técnica del Altiplano y las fuerzas armadas, ante un mitin de la esposa del General Juan Velasco, presidente del Perú. El resultado: tres personas muertas. Los universitarios Róger Aguilar, Augusto Lipa y la vendedora del mercado Central, Candelaria Herrera. Así, entre uno y otro hecho, al margen de las circunstancias y las consideraciones políticas de cada momento, fueron los universitarios quienes corrieron la peor suerte.
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Ahora que se cumplen tres años de lo ocurrido el 29 de mayo del 2003, no basta con recordar, volver a relatar los hechos y realizar acciones protocolares. Se trata, más allá de eso, de fomentar espacios de diálogo y voluntad política para incidir por ejemplo, en el tema de la reparación, de la celeridad de los procesos penales, del cumplimiento de la justicia. Por ello, resulta imperativo que se realice el juicio oral que se ha venido postergando por una serie de acciones dilatorias, a los casi 90 efectivos militares-policiales defendidos por el Estado. Y por otro lado, que se aclare también, las denuncias formuladas por el Ejército Peruano contra los estudiantes universitarios, testigos y periodistas. Como vemos, paradojas y argucias legales que sólo aplazan el esclarecimiento de los hechos.
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Es necesario asumir también una mirada crítica que, sin justificar la violencia y el exceso cometido por las fuerzas armadas, nos permita admitir que también hubo una irresponsabilidad de los dirigentes estudiantiles, llevada acaso por la aventura y la adrenalina del momento, que terminó en un atadijo donde ya no hubo marcha que dar atrás y desembocó en los fatales hechos ya conocidos. En ese sentido, quizás más que hablar de mártires debamos hablar de caídos por la represión. Y esto, debe marcar una pauta que sirva de lección a los próximos tiempos que el Perú y en particular Puno vivirá, sean cualesquiera los regímenes políticos de turno. Por eso, una correcta interpretación de lo sucedido ayudará a tener los criterios suficientes para que estos hechos no se repitan.
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27 de junio 1972; 29 de mayo 2003, forman parte de la historia del Perú y de Puno, y demuestran que la historia no siempre se escribe con palabras, sino con sangre. Y como esto, a veces es difícil de entender, sobre todo cuando se aspira a una vida digna, quizás la literatura, con el devenir de los años, pueda explicarlo de mejor manera, como escribiría el poeta Luis Nieto: “Los estudiantes y el pueblo,/ indómitos y gallardos,/ caminan entre un incendio/ de fusiles y disparos…”. “Y ved a los estudiantes/ con sus ojos enlutados,/ allí donde antes vivía/ una población de pájaros”, al referirse, en sus poemas, al levantamiento del pueblo arequipeño contra la dictadura de Manuel A. Odría en junio de 1950, donde también participaron y murieron estudiantes universitarios.
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Textos consultados:
- Archivo diario “Los Andes”: 26, 28, 29 de junio de 1972.
- Boletín informativo “29 de mayo” (2004)
- Informe Defensorial N° 76. “Restricción de Derechos en Democracia, supervisando el Estado de Emergencia”. (2003)
- “Látigo del Altiplano, biografía de Samuel Frisancho”, de Christian Reynoso (2002)
- “Realidad Nacional”, de Eva Riquez Villarroel (1999)
- “Romancero del pueblo en armas”, de Luis Nieto (1957)
- “Sangre Derramada”, de Juan Reynoso Días (2002)
23:40 Permalink | Comentarios (1) | Email esto


Comentarios
Hola Christian
Me parece bacan tu artículo, sólo una precisión, que Velasco era un dictador, no era simplemente "el presidente del Perú" y los hechos de hace tres años se dieron en un gobierno democrático.
Anotado por: Juan Villegas | 30 mayo 2006
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